Imágenes paganas: Xang

COLABORACIÓN EN EL LIBRO DE LUDOVICA SQUIRRU, "HORÓSCOPO CHINO 2015"

 

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IMÁGENES PAGANAS: XANG

 

«Aquí viene la cabra. Sangre, sangre, sangre.
Están haciendo una broma de nuestro universo».

(Jim Morrison, cabra acuática)

 

1- El inmortal pastor de cabras

La cabra, Xang, fue uno de los primeros seres del monte en ser domesticados con la llegada del Neolítico, hace más de diez mil años, y al día de hoy es el animal doméstico por excelencia de casi todos los pueblos que habitan regiones montañosas. Y puesto que los dioses de todas las mitologías suelen residir también en las montañas, la unión entre dioses y cabras resultó increíblemente fecunda en muchísimas culturas. Por algunas imágenes míticas de este arquetipo caprino nos pasearemos en estas páginas.

En China, donde el Neolítico se tomó cuatro milenios de más en arribar, quizás a causa justamente de la milenaria paciencia china, los dioses son conocidos sobre todo como Inmortales (Hsien), lo que habla de una sutil conexión entre el humano aspirante a la inmortalidad y los inmortales ya realizados. Los inmortales, aunque también gozan de la vida eterna en compañía de los dioses, antes han sido también humanos, como nosotros. La idea de dioses y diosas, en cambio, nos habla aún de una cierta lejanía de unidad y sustancia entre lo humano y lo divino, entre lo mortal y lo inmortal.

En los textos de la Antigua China aparecen en incontables ocasiones las historias de los inmortales. De todos ellos, ocho fueron los más famosos, y de esos ocho, seguramente el más célebre sea el pastor de cabras Lü Tung-pin, discípulo de Chungli Ch´uan, quien lo tomó a su cargo cuando tenía aproximadamente 600 años edad, poco más, poco menos. Lü nació en el año 796, durante la dinastía Tang, por lo que se calcula que hoy debe tener unos 1.218 años de edad y que ya atravesó por 101 años de la cabra.

Lü Tung-pin fue uno de los más grandes maestros del neidan, la alquimia interna taoísta. De hecho, Richard Wilhelm, traductor del “I Ching” y del “Tai Yi Jin Hua Zong Zhi” o “El secreto de la flor de oro”, afirma que este último libro fue escrito por el fundador de la Escuela del Elixir de la Vida de Oro, o sea por Tung-pin. Esta obra fue prologada por Carl Gustav Jung e inspiró a Luis Alberto Spinetta en el disco “Durazno sangrando”, un brebaje alquímico donde la música de Pomo, Machi y el Flaco resuena “en las lejanas playas del ánimus”. El ánimus (hun) es nuestro componente interior que ama la vida y busca lo luminoso. En una canción de este disco, Spinetta arranca cantando una y otra vez, como quien se encuentra por primera vez ante la inmensa visión de la eternidad: «Sí, el viejo portal del cielo… sí, el viejo portal del cielo…».

Esta canción, “Encadenado al ánima”, hace referencia al concepto taoísta de po, el ánima, ese factor psíquico denso que nos conduce a la decadencia. Se inspira en este párrafo del prólogo de Jung al libro de Lü Tung-pin: «El ánimus está en el Corazón celestial, durante el día mora en los ojos (es decir, en la conciencia); por la noche sueña desde el hígado». […]. El ánima es, en cambio, «la fuerza de lo pesado y turbio», fijada al corazón corporal, carnal. «Deseos carnales y excitaciones coléricas» son sus efectos. «Quien al despertar hállase sombrío y deprimido está encadenado por el ánima».

Uno de los primeros oficios de este alquimista chino fue el de pastor de cabras, y cuentan los textos que una vez en la montaña apareció un tigre para merendarse a los animales que Lü Tung-pin estaba pastoreando. Entonces él mandó a las cabras montaña abajo y se ofreció a sí mismo como único menú para el tigre hambriento, que quizás sin entender mucho la situación, se dio la vuelta y se perdió entre los bosques de bambúes. De esta historia se pueden deducir muchas interpretaciones simbólicas, pero también puede ser que sea simplemente lo que pasó y que no signifique nada en especial.

En cualquier caso, ésta fue solo la cuarta de las diez pruebas que Lü tuvo que sortear para que Chungli lo tomara como discípulo. Pasado el tiempo, su maestro lo invitó a marcharse a los Reinos Celestiales junto a él; pero Tung-pin le dijo: «No entraré al reino superior de la inmortalidad hasta que haya ayudado a todos los seres vivos a volver al Tao». Desde entonces, cientos de mortales han dejado de serlo gracias a él».

 

2– La cabra que alimentó al dios entre los dioses

Los mitos de todas las culturas del planeta narran historias acerca de muchos dioses que llegaron desde los cielos, pero también aparecen en los relatos primigenios de cada cultura las historias de muchos otros dioses y diosas que nacieron en esta misma Tierra, como Zeus, que fue amamantado por la cabra Amaltea a orillas del Mar Mediterráneo y que luego destronaría a Cronos, el tiempo, convirtiéndose con ese simple acto en el soberano supremo de todo el Universo.

Éste quizás sea también el destino de todos nosotros: bebernos un buen vaso de leche de cabra recién ordeñada, destronar al tiempo histórico y convertirnos así en amos de nuestro propio universo.

Albert Camus decía que no podemos escapar de la historia, ya que estamos sumergidos hasta el cuello en ella, pero que sí podemos luchar en la historia para preservar esa parte del hombre que no pertenece a ella. En este tiempo post-histórico que nos espera, entonces, los actuales hechos históricos, trágicos y peligrosos, quedarán relegados a las crónicas de un tiempo mítico, al período transcurrido antes de que las culturas del planeta encontrasen sus modos de organización social estable y definitiva.

La lucha por el futuro y la supervivencia de la humanidad es, sobre todo, una lucha contra el tiempo histórico. Esto nos retrotrae a los primeros mitos griegos, sucedidos cuando las cuestiones del poder aún no estaban resueltas y los dioses todavía luchaban entre sí. La guerra más arquetípica de estos tiempos míticos fue la Batalla de los Titanes, en la que los dioses olímpicos –que luego establecerían instituciones persistentes– se enfrentaron y derrotaron a los titanes comandados por Cronos, o sea por el dios del cronómetro, que había castrado a su padre Urano, el cielo primigenio.

Cuando Cronos, conocido por los romanos como Saturno, supo por su madre Gea que iba a ser destronado por uno de sus hijos, decidió comérselos a todos. A medida que su mujer Rea se los iba entregando en brazos, Cronos se los iba devorando, hasta que, cansada de esta situación, una buena noche Rea envolvió una roca en un pañal, se la dio a su marido y así salvó el recién nacido Zeus del apetito de su padre.

Rea aprovechó entonces la situación y mandó a Zeus a un agradable exilio en la isla de Creta, donde vivió como un dios, rodeado de ninfas que lo iniciaron sexualmente y siendo amamantado en una cueva por la cabra llamada Amaltea. Esta cabra se partió una vez uno de sus cuernos y éste fue puesto en el cielo por Zeus en señal de agradecimiento. Desde entonces, se conoce a esa región del cielo como «Cuerno de cabra», o más comúnmente «Capricornio». Este cuerno no es otro que la «cornucopia», el cuerno de la abundancia. Cuando finalmente murió Amaltea, Zeus, ya señor entre los dioses, se envolvió en la piel de su cabra-nodriza y así anda vestido desde entonces.

De adulto, Zeus se las ingenió para disfrazarse de copero de su padre y darle un vomitivo para que expulsara a sus cinco hermanos: Hestia, Demeter, Hades, Hera y Poseidón, con quienes organizó un panteón alternativo. Tiempo después, realizándose una profecía auto-cumplida de manual, Zeus, más conocido por los romanos como Júpiter, lo destronaría a Cronos, o sea al tiempo histórico de las batallas y los generales, comenzando desde entonces a recrear una y otra vez un tiempo post-histórico. Cronos, junto al resto de los titanes, sería confinado a partir de entonces a morar en el Tártaro.

Peter Sloterdijk sostiene que la cultura de la movilización histórica (política, financiera, militar, tecnológica) es una bomba de relojería que le va restando tiempo al mundo; y que la única alternativa ante la catástrofe que nos ofrecen sus continuistas es la de la desactivación de dicha bomba, la creación de una cultura post-histórica que impida «la irrupción de nuevos impulsos generadores de historia». Lo expresa así: «Dado que la idea nihilista del mundo ha surgido bajo el dominio de Cronos, símbolo del tiempo que pasa, una alternativa no nihilista debería ser, ante todo, una alternativa ajena a Cronos. Esto solo sería posible si un tiempo vivido plenamente en presente reabsorbiera el tiempo […] ruinoso de la mortandad».

Y es que parece ser que desde el siglo xvi Cronos se viene escapando nomás del Tártaro para regresar –a través de la expansión del libre mercado y de la fabricación y uso masivo de relojes– a desarticular a su paso a todas las sociedades pre-existentes. Lo que propone Sloterdijk para remediar esto, entonces, es «neutralizar el tiempo histórico universal por un tiempo universal expresamente no histórico».

En fin: el paso de la cultura griega a la romana y la adaptación de su mitología trajeron aparejados algunos cambios. Para empezar, los héroes fundadores comenzaron a reemplazar en el lugar central de los relatos a los dioses, que ya no solo aparecían alejados de los hombres sino que poco a poco iban desapareciendo. Estos héroes ya no eran amamantados por cabras, como Zeus, sino por lobas, como los gemelos Rómulo y Remo, famosos por haber fundado Roma, la ciudad de las siete colinas, pero sobre todo por haber participado como luchadores en una temporada de Titanes en Ring. Luego Roma se transformó en Imperio, y el Imperio en cuna de la civilización occidental.

 

3- La cultura pánica-extática

Pan es la máxima expresión pagana del arquetipo de la cabra vuelta Dios. De la cintura para arriba, exceptuando la cornamenta, aparece como el más lascivo de los humanos y como un gran ejecutor de la famosa flauta de Pan, inventada por él mismo y que no es lo mismo que el pan flauta; de la cintura para abajo aparece y actúa como un macho cabrío. Es un dios que no pierde el tiempo ni la virtud gobernando el mundo ni participando en guerras como sus colegas del Olimpo, sino que su verdadera pasión es pasársela bien bebiendo vino, correteando ninfas y anunciando con su música extática nuestra pronta reconciliación con la naturaleza.

Cuando Grecia ya había pasado de moda en los libros de historia, en el año 380 de nuestra era se decretó en Roma que no debía haber más que un solo dios. La gente campesina de la Edad Media, sin embargo, siguió celebrando los ritos del dios Pan en cada cueva de cada bosque europeo que había quedado en pie. Entonces se decidió que ese dios barbudo, con patas de cabra y costumbres salvajes no era otro que el mismísimo diablo. Y a las curanderas de las que la divinidad caprina solía gozar de sus encantos, lo que en principio no estaba tan mal visto, se las empezó a llamar «brujas».

Los lienzos de la época se volvieron entonces tétricos, dark y bizarros a más no poder. Ya no eran las extáticas celebraciones paganas y los festivos misterios menores de iniciación los que se representaban en las “imágenes paganas” sino aquelarres y misas satánicas que se “desnudaban en los sueños” de los inquisidores.

Desde entonces, nuestra cultura occidental generó una serie de neurosis masivas en torno a la represión de los instintos, cosa que recién se empezó a liberar, en general de forma bastante desmadrada, desde hace muy pocas décadas atrás.

Pan es quien representa justamente una relación natural con los instintos en reemplazo de un estado policíaco interno en torno a ellos, aquello que postula el psicoanálisis sobre la lucha interior que se libra en el campo de batalla de cada quien entre el «dominio del inconsciente» –bregando por la satisfacción instintiva de los deseos sexuales– y el «super-ego», representante de las restricciones, que también pronto se vuelve inconsciente tomando la forma de moral o sentido de culpa.

Quien va a mediar en nuestra cultura entre el «dominio del inconsciente» y el mandato del mundo exterior introyectado no es otro que el «ego», que coordina, altera, organiza y controla los impulsos del inconsciente para minimizar los conflictos con la realidad: reprimiendo, cambiando su objeto, retrasando su gratificación, etcétera. Sin embargo, el inconsciente retiene los objetivos de este principio de placer que está siendo derrotado… y lo reprimido retorna, normalmente en forma de perversiones.

Se comenta que el macho cabrío Pan es el dios más esperado en estos tiempos, en los que casi nos olvidamos que somos seres naturales que, por encima de cualquier otro logro, podemos renacer al Tao, desmovilizarnos colectivamente y así neutralizar la aceleración histórica que nos está conduciendo hacia la autodestrucción. Sloterdijk afirmó que «la cultura post-histórica del pánico sería la única alternativa a la cultura de la movilización histórica, que ya no tiene historia ante sí, sino solo una cuenta atrás».

Este antiguo discípulo de Osho y genial filósofo mostró cómo toda la modernidad –apenas una isla en el océano de la cultura humana– es sobre todo una movilización por la movilización misma, con toda su carga de violencia inseparable de los procesos científicos, militares e industriales masivos sobre los que navegamos cada vez más a la deriva hacia la catástrofe; que «la cultura pánica empieza donde termina la movilización como permanente huida hacia adelante» y que la llamada naturaleza «solo podrá sobrevivir gracias a un nuevo gesto constructivo, realizado por los seres humanos que hayan comprendido que la protección del escenario es el argumento de la obra».

Un marinero egipcio llamado Tamo difundió en la antigüedad que el dios Pan había muerto; y hoy, sin siquiera investigar, lo repiten a cada rato los periódicos de tiradas masivas; pero es imposible que un dios muera, ya que su atributo es justamente la inmortalidad. Igual que Zeus alimentándose de la leche de la cabra Amaltea, el dios-macho cabrío Pan solamente está exiliado de nuestra civilización, conviviendo con las ninfas y los pastores cabriteros trashumantes. Y en cualquier momento regresará para quedarse y ayudarnos a redimir a nuestra civilización, muy probablemente a través de la emergencia planetaria de una cultura pánica que haga propias «las necesidades de una naturaleza claramente finita».

Para cerrar esta indagación caprino-mitológica, podríamos seguir paseándonos por el Viejo Mundo, contando por ejemplo que en la India la cabra representa al Yo Superior, o cómo el dios escandinavo Thor solía viajar en un carruaje tirado por cabras, o bien describir a los habitantes originales de Irlanda que fueron los fomorianos, gigantes con cabezas de cabras y machos cabríos; pero quizás sea más interesante cruzar el océano y dirigirnos a las tierras de Abya-Yala, donde las cabras llegaron en las carabelas de los colonizadores para quedarse a vivir junto a los campesinos y los pueblos originarios, que aún siguen resistiendo a las diferentes formas de colonialidad.

 

4- Los campesinos cabriteros de la Argentina

Argentina le presenta una paradoja al mundo: ¿Cómo es posible que el país con uno de los mejores campos del mundo esté conformado por una sociedad tan urbana, donde los habitantes rurales no llegan ni al 10% y continúan en descenso? Nuestra sociedad vive de espaldas a su ruralidad; y cuando por fin el llamado «campo» irrumpió en los medios de comunicación en el año 2008 a causa de la disputa por la renta de la soja, no aparecieron en la pantalla los auténticos habitantes campesinos: los productores de alimentos y guardianes de los montes nativos. Por eso nos perdimos una excelente oportunidad para conocerlos y saber en qué condiciones viven, plantan zapallos y recolectan algarrobas, cómo en muchos casos cruzan a caballo desiertos y montañas con sus majadas de cabras hacia los puestos de veranada, donde pasan varios meses al año en busca de agua fresca, pastos tiernos y frutos silvestres para sus animales.

Esta paradoja solo se entiende observando la continuidad entre nuestra historia colonial y la republicana, donde siempre ocupamos el papel de exportadores de materia prima y de compradores de productos ya manufacturados. Por eso los ferrocarriles y las carreteras, y ahora ya solo las carreteras, conectaban y conectan en forma de abanico a todas las regiones productivas del país con los puertos. En este esquema, el campo es un lugar para producir cereales exportables pero no para vivir ni para producir alimentos.

Y esto ahora más que nunca, porque hasta hace unas décadas convivían, no sin dificultades, los grandes campos para el trigo y las vacas con las agroindustrias nacionales, que procesaban cultivos regionales con mano de obra estacional campesina. Los cambios de las últimas décadas hacia una agricultura totalmente mecanizada y solo rentable a gran escala nos vuelven aun más pobres y dependientes, porque al no poder vivir en el campo, sus habitantes tienen que migrar a la ciudad, donde la cosa no resulta nada fácil… y la gente de las ciudades cada vez más tiene que comprar alimentos producidos en otros sitios. Por eso, el país debe ser refundado en todos los sentidos.

Durante los cortes de ruta del 2008 y los desabastecimientos, en cada pequeño pueblito del país aparecieron de nuevo las ferias francas y los productos de la huerta. Los que cultivan y crían a sus cabras, los que hacen los quesos y las mermeladas pudieron encontrarse y charlar con quienes iban a merendar sus manjares. Luego, cuando regresó el abastecimiento, volvió a resultar más cómodo ir a los grandes mercados donde una multitud de seres anónimos entre sí circulan detrás de sus carritos.

Pero ¿quiénes eran estos puesteros? En Argentina vive un cuarto de millón de familias campesinas, además de los huerteros en los cinturones de las ciudades. Todos ellos son la garantía de alimentos para todos y los protectores del monte nativo, que a su vez protege la perfecta complejidad de la trama de la vida. Ellos no forman parte de las noticias del día a día, sino de las cuentas de larga duración y de los calendarios cíclicos.

A medida que el monte desaparece ante el avance de las topadoras, la población rural también va quedando solo en jirones que salpican la geografía del país. A veces se da la ironía de que quienes talan el bosque y producen para exportar, van a los ranchos de los campesinos a comprarles cabritos, choclos y otras verduras orgánicas. Saben que no es rico ni sano comer lo que ellos mismos producen y con la toxicidad con que lo hacen. Prefieren alimentarse del modo de vida que están ayudando a suprimir.

El área cabritera abarca la provincia de Santiago del Estero y parte de Córdoba, La Rioja y Catamarca; pero también hay muchas chivas pastoreadas por campesinos e indígenas en Cuyo y la Patagonia, en la Puna y las Sierras Centrales. La cuarta parte de las familias campesinas hoy tiene conflictos por la inseguridad en la tenencia de la tierra. Como hay pocos que quieren mucho, muchos que tienen poco se van quedando sin lo que necesitamos todos. Y además están las fumigaciones, que secan los árboles y hacen abortar a las cabras, privándonos así de los mejores frutos y lácteos del país.

El conocimiento práctico y directo de los campesinos sobre la naturaleza es inmenso. Entre mate y tortas fritas se aprende de las hierbas medicinales del lugar, de la preparación de los arropes, de la protección contra las heladas y de las travesuras de sus cabras, arquetipo de la abundancia del país. En sus «juntadas» se intercambias semillas criollas y recetas, se escuchan historias que son también nuestra propia historia.

En el bosque del Gran Chaco, dicen los campesinos, viven también los animales silvestres que ahora mismo están desapareciendo junto a los viejos árboles nativos. Entre ellos está la «sachacabra», o sea la «cabra del monte», que no es lo mismo que la cabra montesa europea sino que de esa forma se nombra al venado, uno de los animales más sagrados de Nuestra América. Los huicholes, aborígenes del norte mexicano, consideran que los peyotes, cactus mágicos que crecen en el desierto, son las huellas de un venado azul. En consecuencia, uno de sus dioses principales es Tamatz, el Venado.

 

5- El palacio de la cabra negra

En la entrada del palacio de Quingxang, o sea en el palacio de la Cabra Negra, en Chengdu, se puede ver la figura de dos cabras de bronce negro custodiando el recinto. Si uno se acerca a las cabras, o mejor dicho si las cabras lo dejan acercarse a uno, se verá que ellas en realidad tienen un rasgo de cada uno de los doce animales del zodíaco (orejas de rata, garras de tigre, cola de serpiente, ojos de gallo, etcétera), y que de cabra solo tienen las barbas, que son puestas en remojo cada vez que llueve en Chengdu. Es como si la cabra, que codifica este año, simbolizase también la puerta de entrada a todas nuestras posibilidades arquetípicas.

 

Bibliografía

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MARCUSE, Herbet. Eros y civilización. Seix Barral. Barcelona, 1969.

PAZ, Federico. Sherpa. Ensayo sobre la inmortalidad. Kairós. Barcelona, 2013.

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WONG, Erika. Cuentos de los inmortales taoístas. Sabios, magos, adivinos y

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