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indice comentado de tesis4ÍNDICE COMENTADO DE TESIS

 

RE-EXISTENCIAS CAMPESINAS, ESTADO Y EXTRACTIVISMO AGRARIO. Socialidades alternativas al capitalismo en el norte de San Luis, Argentina.

Doctorando: Federico Paz

Directores de tesis: Horacio Machado Aráoz (Universidad Nacional de Catamarca) y Carlos Walter Porto Gonçalves (Universidad Federal de Rio de Janeiro)

 

ÍNDICE GENERAL

 

  1. Modelos de acumulación en disputa por el control del Estado

1.1. “Desempate catastrófico” en el agro argentino

1.2. Modelo agro-exportador: “forma primordial” de la Nación

1.3. Breve historia agraria del New Deal criollo

1.4. El neoliberalismo y sus devaluaciones: 1975, 1989, 2002…

1.5. Continuidades y rupturas del neo-desarrollismo en el agro

 

  1. Diferentes lógicas en torno a la gestión de los bienes comunes

2.1. Lógica neo-institucional. Estado nacional, provincial y municipios

2.2. Lógica extractivista aplicada a la agricultura transgénica

2.3. Los campesinos de las sierras, abriendo un surco entre dos lógicas

 

  1. Re-existencias campesinas y resistencias ante el extractivismo

3.1. Organizaciones campesinas del norte de San Luis

3.2. Resistencias campesinas ante el extractivismo

3.3. Prácticas agroecológicas de re-existencia campesina

3.4. Construcción de “socialidades alternativas” al capitalismo

 

  1. Consideraciones finales

 

  1. Bibliografía

 

 

ÍNDICE COMENTADO DE LA TESIS

 

  1. Modelos de acumulación en disputa por el control del Estado

En este capítulo me propongo responder a uno de los interrogantes centrales de la tesis: “¿qué tipo de Estado tenemos y qué relación mantiene con las corporaciones del agro?, ¿cuál fue su papel en el desarrollo del actual modelo de acumulación del capital?, ¿cómo condiciona el uso de los bienes comunes y de qué modo los campesinos pueden reutilizar los mecanismos estatales a su favor?”.

Para comprender qué Estado tenemos en la actualidad, es imprescindible conocer esquemáticamente qué Estado tuvimos. Se trata entonces de describir las disputas entre los sucesivos modelos históricos de acumulación (liberalismo, desarrollismo, neo-liberalismo) analizando las continuidades y rupturas del actual modelo (neo-desarrollismo) en relación a las etapas anteriores, especificando cada uno de sus correlatos estatales así como la forma en que dichos modelos afectaron la realidad social agraria del norte de San Luis y qué marcas dejaron en la memoria colectiva.

Para definir modelos de acumulación, tomo como ejes centrales, aunque no exclusivos, el tipo de intervención que ejerce el Estado en relación a los mercados y el modo en que se distribuye la renta en los periodos de expansión y recesión propios del capitalismo. Ubico como divisorias de aguas entre dos modelos a los grandes cracks y devaluaciones.

Puesto que es una tarea fundamental diferenciar los hechos coyunturales vinculados a la “pequeña política” de las grandes cuestiones estructurales; no se hará aquí una exposición “enciclopédica” de los sucesos históricos sino que se aplicará el método de historización propuesto por René Zabaleta Mercado (2009), partiendo de la conformación de la “forma constitutiva” de la Nación y analizando luego los diferentes intentos políticos de resolución histórica de las crisis periódicas a las que conduce su mantenimiento.

Según Luis Tapia, que sistematizó la obra del orureño, éste dice que «el nuevo proyecto está hecho con los pedazos del pasado, es decir, el proyecto del porvenir es una nueva articulación de los momentos irrealizados del pasado, en otro horizonte de propuesta global de sociedad […]. Algunos proyectos fracasan o no arrancan por desconocer la porción de pasado que, siendo su condición procesual pero desconocida, se vuelve causa de las imposibilidades de las fuerzas del presente». (Tapia, 2002: 97-98).

 

1.1. “Desempate catastrófico” en el agro argentino

René Zavaleta Mercado propone buscar, en la historia de cada país en particular, una filosofía de la praxis, una forma de hacer historia desde lo político con un sentido de futuro. Su método de historización consiste en situarse en los momentos de crisis —como haré con la crisis desatada en Argentina en 1974 en torno a los debates parlamentarios sobre la Ley Agraria— para preguntarnos por el origen y retrotraernos hasta «determinar cuáles son los momentos constitutivos de la sociedad que se está estudiando, es decir, la génesis de su actual forma primordial» (Tapia, 2002: 297).

En este análisis histórico esquemático de los diferentes modelos de acumulación, al llegar a la matriz de 1974 —que va desde mayo de 1973 hasta marzo de 1976— pasaré del método de historización al método de periodización, también propuesto por Zavaleta Mercado, donde «los diferentes momentos o fases de un tiempo histórico se explican por los modos de articulación del poder real y por los agentes de la iniciativa política de la dirección estatal o su sustituto» (Tapia, 2002:135).

Analizar la matriz de 1974 es fundamental para entender los límites actuales a la transformación de nuestra “forma primordial”, ya que los enfrentamientos desatados a partir del impulso gubernamental a dicha Ley Agraria politizaron y polarizaron las posiciones de los diferentes actores rurales, llevando a un “empate catastrófico” (García Linera, 2008) entre dos modelos de acumulación que se encontraban en disputa desde octubre de 1945 y que resultaban incompatibles entre sí: el desarrollista y el neoliberal agroexportador; cuyo desempate, más catastrófico aún, se resolvió —por medio de la violencia— a favor de este último a partir del “punto de bifurcación” que significó en julio de dicho año la muerte de Juan Domingo Perón.

Considero que comprender este año clave —en el que el agrarismo criollo llegó a su punto de mayor vitalidad antes de ser desarticulado— es fundamental para los movimientos campesinos actuales; ya que necesariamente deben caracterizar al Estado histórico y actual, e interactuar con él tanto para poner en marcha leyes que frenen el avance de la frontera agraria como para intentar transformaciones hacia un modelo que permita y favorezca la vida campesina. Y aunque el Estado no es monolítico, sobre todo en sus agencias menores y en sus jurisdicciones más pequeñas, sus líneas políticas y funcionarios suelen ser funcionales al modelo de acumulación vigente.

 

1.2. Modelo agro-exportador: “forma primordial” de la Nación

Para comprender la “forma primordial” de la Nación, en este apartado se da inicio al análisis histórico del Estado argentino, considerando las guerras de exterminio contra las poblaciones indígenas y del Paraguay, la conformación del latifundio criollo, el tendido de los ferrocarriles hacia el puerto de Buenos Aires y el fomento de la inmigración masiva desde Europa a fines del siglo xix como nuestro “momento constitutivo”; es decir, como la cristalización del capitalismo nacional dependiente y de la primacía del modelo agro-exportador, vigentes, en forma renovada, hasta hoy.

La “forma primordial” es la síntesis de la historia de una sociedad, aquello que organiza el programa de una época, que configura su carácter actual o que se mantuvo en el largo plazo, teniendo en cuenta su proceso de formación. Para estudiarla, hay que analizar la articulación entre el Estado y la sociedad civil, así como «el modo de recepción de las determinaciones externas en base a la composición interna» (Tapia, 2002: 290).

El modelo agro-exportador proviene de la colonia, cuando la Corona entregó centenares de leguas a unos pocos poseedores y la economía se orientó hacia la exportación de productos primarios; tejiéndose redes de intercambio entre las metrópolis europeas y las elites locales, que ya eran los terratenientes y los grandes comerciantes de Buenos Aires. Tras la independencia, esta matriz se mantuvo, reemplazando a España por Inglaterra en el otro polo del mismo tipo de comercio desigual. Sin embargo fue el “momento constitutivo” de 1870-1890 el que consolidó a la clase que fundó el Estado y que se beneficia hasta hoy en forma rentística de la perpetuación de esta matriz: las treinta familias tradicionales que concentraban la tierra y que continúan haciéndolo.

Una vez identificado el “momento constitutivo” que da sentido a los sucesos históricos, «se vuelve a avanzar hacia adelante resignificando o explicándose de un nuevo modo los hechos a partir de o a la luz de ese momento constitutivo» (Tapia, 2002: 218). Para iniciar el abordaje de los modelos históricos de acumulación, entonces, señalaré en un primer momento cuál fue el papel del liberalismo clásico en la desarticulación de las economías campesinas, ubicando al anarquismo rural y al socialismo parlamentario como ensayos fallidos de resolución a las crisis de esta “forma primordial”.

 

1.3. Breve historia agraria del New Deal criollo

Karl Polanyi escribió La gran transformación ([1944] 2007) en un periodo crucial de la historia del capitalismo, luego de el que crack bursátil de 1929 hubiera demostrado que el mercado por sí sólo era incapaz de regular la economía de una sociedad, y que si ésta había sobrevivido a la desintegración total ante los avatares cíclicos del capitalismo había sido por haber mantenido o desarrollado mecanismos de protección.

El esquema que se desarrolló hasta 1930 a través de la disposición creciente de tierra y mano de obra inmigrante entró en crisis, ya que el proteccionismo aplicado por los países centrales hizo caer el precio internacional de las materias primas. Esto dio origen al reconocimiento, por parte de las elites conservadoras en el gobierno, de que se debían hacer concesiones mediante la intervención estatal para mejorar la situación de los sectores populares sin dejar de priorizar los intereses de los grandes agro-exportadores.

Zavaleta Mercado (2009) puso en evidencia que el gran excedente producido a partir del “momento constitutivo” le permitió al Estado argentino ratificarse en una cosmovisión predemocrática, pero que con la baja del excedente, que se volvió crítica en 1929, no hizo más que mostrar su matriz autoritaria y excluyente. El golpe de Estado de septiembre de 1930 fue, de hecho, un momento fuertemente reconstitutivo de la “forma primordial” a favor de los grandes terrateniente y la oligarquía conservadora.

Octubre de 1945, con las masas ocupando la ciudad portuaria, es la más clara expresión de la irresolución de esta crisis. Es la emergencia del obrero llegado del interior, sin formación política, que hace visible la dicotomía entre lo colonial y lo anticolonial que se superpuso con la dicotomía entre capitalismo y socialismo, arrebatándole a la izquierda la hegemonía de sus reivindicaciones e incorporándolas en forma de leyes sociales y símbolos, al plantear el “combate al capital” cuando sólo buscaba regularlo.

En este apartado se estudiarán entonces las transformaciones estructurales que intentó llevar adelante el keynesianismo vernáculo, dándole un impulso inédito a las agroindustrias del interior, que a su vez ofrecieron mucho empleo rural. Se ubicará al peronismo, al desarrollismo de origen radical y a las Ligas Agrarias como nuevos intentos fallidos de resolución a las crisis de la “forma primordial” de la Nación.

 

1.4. El neoliberalismo y sus devaluaciones: 1975, 1989, 2002…

En este apartado se analiza cómo todas las grandes crisis de la historia argentina son siempre crisis del modelo agroexportador, que en cada momento en el que disminuye el excedente que era “compartido”, muestra sus límites inclusivos y su faceta autoritaria para salvaguardar sus intereses. La configuración de esta “forma primordial” es también el origen de la separación entre sociedad y Estado, donde éste se construye al margen de aquella, ya que el sector latifundista, por su reducido número y papel excluyente, nunca es mayoritario y cada década tiene que recurrir a golpes de Estado y/o devaluaciones.

Si en 1974 el país se encontraba en un “empate catastrófico”; en el periodo posterior éste se resolvió a favor del modelo de acumulación flexible mediante la combinación de los dos mecanismos recién mencionados: devaluación en 1975 y golpe de Estado en 1976. De este modo se puso fin al último intento para sostener al modesto New Deal criollo, así y todo, la más importante experiencia que se llevó a cabo dentro de los conflictivos marcos de la sociedad argentina para mantener al mercado embridado.

Tras las movilizaciones contra el “Rodrigazo”, el bloque agroexportador tomó el poder por las armas decidido a aniquilar todo intento de transformación estructural de la “forma primordial”, puso a uno de sus hombres clave en el Ministerio de Economía e impuso el modelo neoliberal durante la dictadura cívico-militar. En pocos años destruyó la industria nacional, depreció los salarios, multiplicó por cinco la deuda externa y colocó como gran beneficiario del modelo al mercado financiero, a los especuladores y a los rentistas, eliminando las retenciones a las exportaciones, la regulación de las importaciones y apartando al Estado de la comercialización de granos.

David Harvey hace mención a un modo de acumulación por devaluación, tratándose de periodos en los que los capitales concentrados socializan masivamente las pérdidas del modelo de acumulación en crisis e invierten las divisas obtenidas para posicionarse en el siguiente ciclo. De hecho, las políticas neoliberales más evidentes en Argentina fueron llevadas a cabo entre las devaluaciones de 1989 y 2002, con una oposición aún esquilmada por el exilio y el recuerdo del terror. Como dice Naomí Klein (2007): «América Latina fue tratada como la escena de un asesinato cuando, en realidad, era la escena de un robo a mano armada extraordinariamente violento”.

 

1.5. Continuidades y rupturas del neo-desarrollismo en el agro

La finalidad de este capítulo es realizar un diagnóstico del Estado actual y las disputas a su interior, considerando los ciclos expansivos y recesivos a los que se ve expuesto por continuar ubicado dentro de una matriz agro-exportadora y analizando las oportunidades y limitaciones que esto representa para las pequeñas organizaciones campesinas. Se buscará responder a la pregunta sobre sí el neoliberalismo y el neo-desarrollismo son dos modelos de acumulación diferenciados entre sí —aunque haya ciertas continuidades entre ambos— o si se trata de dos etapas de un mismo sistema que privilegiaría en todos los casos a los concentradores corporativos de capital, tierras y bienes comunes.

En el segundo supuesto, el modelo neoliberal, cuyas características centrales son la desregulación y la concentración de la riqueza, se encontraría atravesando en el país una tercera etapa. La primera de ellas habría ocurrido entre el “Rodrigazo” de 1975 y la hiperinflación de 1989, con la aniquilación del keynesianismo en la Argentina. La segunda iría desde la convertibilidad hasta el debacle del 2001: la década del neoliberalismo clásico, con la desregulación del agro, los remates de los campos de los chacareros endeudados y la introducción de transgénicos. La tercera etapa iría desde la devaluación de 2002 hasta la siguiente crisis que aún está por llegar, fase caracterizada por la entrega comisionada de los recursos naturales a las grandes corporaciones.

Para caracterizar al Estado actual y diagnosticar su próxima etapa en relación al agro, se estudiará cómo, con el neo-desarrollismo, se vuelve coalición la antigua colisión con la oligarquía exportadora, a quien ahora se la percibe como fuente de divisas y no ya como obstáculo para el crecimiento industrial y la superación de la dependencia estructural. En sintonía con ello, la mayor disputa de esta etapa entre el Estado y las corporaciones del agro no se da por el intento de transformación de la “forma primordial” de la Nación sino por la participación en la renta sin cuestionar el modelo agro-exportador.

Denominaré “neo-desarrollista” al actual modelo de acumulación y “neo-institucional” a la lógica estatal que lo gestiona, dándole un lugar prioritario en la investigación a la vinculación de las organizaciones campesinas del norte sanluiseño con los gobiernos municipales locales, los ministerios de Campo y Medio Ambiente provinciales y algunas agencias nacionales como el INTA y la Secretaría de Agricultura Familiar.

 

  1. Diferentes lógicas en torno a la gestión de los bienes comunes

Este capítulo busca responder el segundo interrogante derivado: “¿qué lógicas articulan la relación entre capital, sociedad y naturaleza en las prácticas productivas de los diferentes actores sociales?”. Por “lógica” me refiero aquí a las causas últimas acerca de por qué un grupo de actores, en tanto sujetos sociales, realiza determinadas acciones de determinadas maneras, y cuyo despliegue en la práctica cotidiana conduce a diferentes tipos de relación con la naturaleza y habilitan formas de relaciones sociales alternativas.

Considero sobre todo a las corporaciones agrarias, los diferentes niveles del Estado y los campesinos unidos o desorganizados del norte de San Luis, identificando lógicas como la “extractivista” al analizar la gestión de los bienes comunes por parte de las corporaciones y la “neo-institucional” al abordar los modos de intervención propios de los Estados nacional y provincial. En el caso de las lógicas campesinas, partiré del concepto de “re-existencias” que, según Carlos Walter Porto Gonçalves, hace referencia a “una forma de existir, una determinada matriz de racionalidad que actúa en las circunstancias, inclusive re-actúa, a partir de un topoi, en fin: de un lugar propio, tanto geográfico como epistémico. En verdad, actúa entre dos lógicas» (Porto Gonçalves, 2006: 165).

Las lógicas campesinas pre-existen a la economía de mercado y al extractivismo en varios siglos, y al día de la fecha continúan siendo desplegadas por estas asociaciones y por otras organizaciones campesinas en infinidad de sitios para hacer frente a sus impactos negativos; creando y re-creando, a su vez, socialidades alternas que de-construyen las relaciones jerárquicas del capitalismo, re-construyen el hacer colectivo y permiten planificar en el largo plazo la gestión de los bienes comunes. Al mismo tiempo son lógicas que se despliegan entretejidas —o mejor dicho enredadas— con la lógica hegemónica, manteniendo sus miembros un pie en la economía de mercado y el otro afuera, viviendo en el capitalismo pero sin vivir para él (Bartra, 2008).

Como metodología privilegiada para describir estas lógicas que condicionan las tomas de decisiones productivas, me propongo observar y/o participar de las diferentes prácticas de los actores mencionados y analizar los discursos que se ponen en escena en instancias como la disputa contra Monsanto en el valle del Conlara, la prohibición de las fumigaciones en Santa Martina o la reglamentación provincial de la Ley de Bosques.

 

2.1. Lógica neo-institucional. Estado nacional, provincial y municipios

Armando Sánchez Albarrán define al neo-institucionalismo como al enfoque que adoptaron los países subdesarrollados a partir de la década de los 1980s del siglo pasado para hacer frente a los nuevos dictados del mercado, y donde «ponen en práctica dos tipos de programas: por una parte, aquellos que impulsan a los productores (grandes y medianos) hacia esquemas de mayor eficiencia. Por la otra, implementan programas dirigidos a los pequeños productores (considerados como pobres) con política social». (Sánchez Albarrán, 2012: 8)

El Estado provincial de San Luis es pionero, junto al de Neuquén, en este esquema, anticipándose en dos décadas al derrotero que tomaría el Estado nacional tras el colapso de diciembre de 2001. A partir de la década de 1980s facilitó la expulsión de campesinos del área rural mediante planes de promoción industrial (que atrajeron a mucha población campesina a Villa Mercedes y a la capital provincial) y, desde fines de los 1990s, cuando esta promoción había caducado y muchos regresaban a sus campos, apoyando a los grandes productores, limpiándoles el terreno para el avance de la frontera agraria y paliando la falta de empleo mediante una extensa red de subsidios que lo ayudaron a crear subjetividades afines y a sostenerse electoralmente.

En este apartado se estudiará cómo los Estados nacional y provincial, aunque sean de diferente signo político, tienen hoy una confluencia de intereses con los terratenientes, con las entidades que reúnen a los grandes y medianos productores transgénicos, con los importadores de insumos y con los exportadores de granos y aceites, tratándose en los dos últimos casos de grandes actores transnacionales a cuyas lógicas se subordinan. También se abordarán las posibilidades que brinda a las organizaciones campesinas la existencia de municipios y cómo éstas se reducen por la existencia de “zonas grises”.

Partiendo del análisis del Marxismo Ecológico (O´Connor, 1990) acerca de cómo los Estados regeneran las condiciones de producción para preparar el siguiente ciclo de apropiación por parte del capital, se verá aquí como la lógica neo-institucional articula la tarea aparentemente contradictoria de realizar forestaciones, por un lado, y por el otro ser el patrocinador del desmonte así como el encargado de bloquear la participación de las entidades socio-ambientales en la reglamentación de la Ley de Bosques.

 

2.2. Lógica extractivista aplicada a la agricultura transgénica

Este apartado comienza analizando una serie de debates en torno al concepto de “extractivismo agrario”, ya que el no reconocimiento de los monocultivos transgénicos como actividades “extractivas” podría estar demorando la toma de conciencia de una masa crítica de la población sobre la gravedad de su avance permanente sobre bosques nativos, comunidades campesinas, hierbas a las que llama “malezas”, insectos a los que considera “plagas”, semillas locales y todo lo que limite el aumento del volumen de soja y maíz; cuya mayor parte es exportada sin procesamiento (o con uno muy limitado) junto a miles de toneladas de agua y nutrientes que se extraen y que no se repondrán.

David Harvey menciona dos modelos de acumulación principales. Por un lado, la acumulación por desposesión, o sea el despojo de los patrimonios sociales por parte de las corporaciones. Por el otro lado, el modelo de la acumulación ampliada, donde los conflictos se dan entre el capital y el trabajo por las condiciones laborales y el reparto de utilidades. En el caso del “extractivismo agrario” ambas modalidades son observables en Argentina: la primera ocurre en las zonas rurales como el norte de San Luis con la expulsión de campesinos, la desarticulación de economías regionales y la destrucción de bienes comunes. La segunda se desarrolla sobre todo en las fábricas – puertos de las barrancas del Río Paraná, donde los grandes exportadores extraen la plusvalía de uno de los ámbitos laborales más desregularizados y tercerizados desde la década de 1990s.

En el caso sanluiseño, la lógica del “extractivismo” agrario se ejemplificará con la actuación de la empresa Cresud, que en 1998 adquirió las estancias de La Gramilla y Santa Bárbara en el valle del Conlara. En los mapas satelitales se puede observar que estas estancias, que en 1998 estaban cubiertas en su mayor parte por bosque nativo, hoy se encuentran deforestadas y ocupadas por círculos agrícolas con riego de pivot central.

La lógica del capital funciona absolutamente desconectada de las consecuencias de sus acciones. En cierto sentido se trata de la lógica propia de una aguda psicopatía social, ya que realiza y justifica sus actividades económicas ignorando la imposibilidad de la naturaleza para recuperarse de los niveles de extracción que le son propios, así como de las relaciones sociales traumáticas a la que se ve empujada cada vez más cantidad de población que va siendo atravesada por la frontera agraria.

 

2.3. Los campesinos de las sierras, abriendo un surco entre dos lógicas

Como sucede en muchos territorios, en el norte sanluiseño efectivamente «el pequeño productor no tiene el mismo tipo de racionalidad económica-productiva que el mediano o el grande» (Álvarez y Churín, 2008: 6), pero el hecho de que deba desarrollar sus actividades en un sistema capitalista mediado por una dinámica estatal —siendo Capital y Estado los grandes detentores de la maquinaria creadora de subjetividades— hace que necesariamente la lógica campesina tenga que abrirse paso entre otras dos lógicas.

Los minifundistas y los peones rurales suelen formar parte de familias campesinas que normalmente mantienen algún sector de su producción dentro del mercado y otro fuera, destinado al autoconsumo o a la participación en la vida comunal. Sin embargo, la proporción de ingresos extraprediales en San Luis es significativa en relación a los prediales y proviene de changas o salarios obtenidos en empresas agropecuarias, pero sobre todo de transferencias formales del Estado como el Plan de Inclusión Social, que absorbe casi todo el tiempo de los llamados “beneficiarios” —que suelen ser varios en cada familia— a cambio de una muy baja prestación mensual.

Además, el neoliberalismo produjo un sentido común con «una fuerte propensión al pesimismo en casi todo lo que se refiere a iniciativas colectivas. […] Para legitimar los procesos de privatización se necesitó crear un nuevo sentido común, es decir, que la gente concibiera al mundo como una dinámica de producción, circulación y consumo de mercancías en procesos altamente despolitizados y, por lo tanto, evaluara los hechos y el sentido de los mismos de acuerdo a esta cultura mercantil». (Tapia, 2008: 103-107).

La consecuencia de esta creación masiva de subjetividades es lo que significa, entre otras interpretaciones, que la lógica campesina esté entrelazada y en permanente tensión con otras lógicas y no aislada en una suerte de idílica “pureza”. ¿Y cómo podría ser de otro modo en una sociedad capitalista? No obstante, estas re-existencias tienen su propia especificidad, emergen una y otra vez de distintas formas y se fundan en racionalidades destinadas a crear lazos sociales, abastecer las necesidades de las poblaciones locales y cuidar los bienes comunes. John Holloway dice que «en la lucha en-contra-y más allá del capitalismo no hay pureza: lo que importa más bien es la dirección en la que se desarrolla la lucha, el movimiento en-contra-y-más allá» (Holloway, 2011: 90).

 

  1. Re-existencias campesinas y resistencias ante el extractivismo

Una vez analizados los diferentes modelos de acumulación históricos en el capítulo inicial y las diferentes lógicas productivas en el segundo capítulo, las respuestas a ambos interrogantes derivados deberían ya empezar a brindar un primer esbozo a la pregunta central que orienta mi investigación de tesis: «¿de qué modo las prácticas implementadas por un grupo de organizaciones campesinas y sus discursos ponen en cuestión la lógica hegemónica en el actual modelo de acumulación?».

Este capítulo tercero, el más importante y que ocupará la mayor extensión en la tesis, tiene como finalidad responder el interrogante derivado restante: “¿qué experiencias de gestión de los bienes comunes y socialidades alternativas (Bartra, 2008) al capitalismo están siendo desarrolladas por las organizaciones campesinas sanluiseñas?”.

Para hacerlo, caracterizaré a la Asociación de Campesinos del Valle del Conlara (ACVC) y a otras organizaciones locales, valiéndome de la realización de entrevistas a sus integrantes, relevando sus historias de vida y participación en las diferentes iniciativas, así cómo el modo en que las mismas afectan sus relaciones personales y laborales. Además, daré cuenta de sus espacios de prácticas agroecológicas por medio de la observación participante y del análisis de los proyectos presentados.

En el norte de San Luis, las re-existencias campesinas toman la forma de cadenas productivas que incluyen desde la cría de ganado hasta la fabricación de alimentos balanceados, corrales de engorde y venta directa en carnicería; así como la edición de materiales audiovisuales propios, jornadas de formación en agroecología, ferias francas, nuevas solidaridades entre vecinos de parajes cercanos, relaciones laborales colectivas y horizontales, sistemas de riego de gota pulsante mediante energía solar, etcétera. Consideraré aquí la posibilidad de que la agroecología definida en forma amplia sea un gran denominador común de una serie de diferentes prácticas en pos de re-existir.

Parto de la hipótesis de que las acciones colectivas y los discursos desarrollados por estas organizaciones podrían estar poniendo en cuestión la racionalidad del actual modelo de acumulación neo-desarrollista y configurando socialidades alternativas a las relaciones sociales de producción propias de las lógicas extractivista y neo-institucional.

 

3.1. Organizaciones campesinas del norte de San Luis

La definición del “campesinado” remite a los hogares, caseríos o pueblos rurales cuyos habitantes, en un porcentaje considerable, intervienen en forma directa en la producción agropecuaria. Se trata de un sujeto colectivo vinculado al mundo rural y persistente en las cuentas de larga duración, que durante incluso extensos periodos puede migrar, urbanizarse, volverse asalariado, obtener ingresos de las más diversas fuentes; pero que siempre regresa, aunque más no sea a través de las siguientes generaciones, a la producción para el autoconsumo y a la relación directa con el territorio.

En este primer apartado del capítulo se describirá el origen y el desarrollo de las organizaciones campesinas del norte de San Luis: Asociación de Campesinos del Valle del Conlara, Asociación de Productores Minifundistas de Ayacucho y Belgrano, Asociación de Pequeños Productores del Dique San Felipe. También realizaré un análisis comparativo de la situación de los campesinos sanluiseños del norte provincial —donde cuentan con organizaciones— con los del sur, donde no hay ninguna asociación, observando qué incidencia tiene para sus vidas su pertenencia a las mismas.

A diferencia de los campesinos que no participan en ninguna organización, como ocurre en el sur de la provincia de San Luis; las prácticas de las asociaciones campesinas del norte provincial, independientemente de su capacidad política para reemplazar al extractivismo agrario, ya podrían estar dando solución a algunos aspectos esenciales para la vida de sus integrantes. Ejemplo de ello serían la creación de empleos locales y cadenas de valor agregado, la protección de algunos de los bienes comunes como bosques o acuíferos, la creación de redes de comercialización en ferias y el apoyo entre vecinos para frenar los desalojos y las fumigaciones.

Se hará mención, por último, a la relación que estas asociaciones podrían llegar a tener entre sí así como con otras organizaciones campesinas de otras provincias (UCATRÁS, APENOC, UST, MOCASE, etcétera) y con las organizaciones socio-ambientales de San Luis; complementando este punto con una breve descripción de algunos casos recientes en América Latina que puedan ejemplificar la influencia que ejercen en su territorio las organizaciones campesinas cuando se articulan o no entre sí, así como el mantenimiento o la pérdida de autonomía, según el caso, como consecuencia de dichas articulaciones.

 

3.2. Resistencias campesinas ante el extractivismo

En el caso de las comunidades del Conlara, los conflictos territoriales provienen de diferentes frentes (ACVC, 2012). En la Sierra de Comechingones los principales problemas que perciben los campesinos están asociados al turismo, la urbanización, la apropiación del agua y la revalorización de las tierras por la agricultura de escala. En las Sierras Centrales tiene que ver con el avance de los alambrados de los ganaderos de bovinos sobre campos de pastoreo abierto, que a su vez suele ser consecuencia de la gran tragedia a la que se enfrentan los pobladores en la actualidad: el paquete productivo que incluye los desmontes, la agriculturización y la extracción masiva de agua que afecta sobre todo a los habitantes de la zona del valle propiamente dicho, que son quienes además sufren directamente las fumigaciones por estar cerca de los campos de empresas semilleras multinacionales, pooles de siembra y agricultores capitalizados.

En este segundo apartado del capítulo se describirán y analizarán teóricamente las acciones colectivas de resistencia concretas frente al extractivismo de las que participó la ACVC, en la mayoría de los casos junto a otras organizaciones socio-ambientales de la provincia: freno a los desalojo en Bajo de Véliz, prohibición de las fumigaciones en Merlo y Santa Martina, cortes de ruta informativos y conformación de la agrupación Vecinos Autoconvocados del Valle con la consigna “No a Monsanto en el Valle del Conlara”, asambleas contra la mega minería en La Carolina, denuncia de la reglamentación corporativa de la Ley de Bosques, etcétera.

Sin embargo, el concepto de “resistencia”, aunque sea definido de un modo amplio, evoca la actitud de estar a la defensiva, sin capacidad de poner en marcha iniciativas propias. En consonancia con ello, después de algunos debates internos, la ACVC decidió poner el foco en las comunidades, campesinas o no, afectadas por el modelo a través de las fumigaciones; así como en lo que ya venían realizando: la construcción horizontal de alternativas en el campo a su propio ritmo; lo que coincide con lo planteado por John Holloway: «La dignidad es un ataque al capitalismo, pero no necesariamente es una confrontación. Confrontar al capital es permitirle que fije la orden del día. En cambio, la dignidad consiste en presentar nuestra propia iniciativa. Esto es lo que haremos, de forma independiente del capital» (Holloway, 2011: 80).

 

3.3. Prácticas agroecológicas de re-existencia campesina

Este será el apartado más importante y la base empírica de la tesis, por lo que será el único al que, en este índice comentado, le dedicaré dos páginas.

 En el fondo de esta exposición sobre agroecología campesina se encuentra el reconocimiento de la imposibilidad de que un vasto conjunto de saberes locales que se fueron modificando durante siglos en una sutil combinación de recurrencias y creatividades (Paz, 2006) según las particularidades de cada sociedad y ecosistema, pueda ser reemplazado por recetas únicas provenientes de centros externos de poder y decisión que, por el contrario, se sustentan en la dominación sobre toda forma de vida.

Los sistemas agroecológicos integrales con frecuencia se basan en las prácticas campesinas tradicionales e incluyen la diversificación de la producción orientada al mercado interno, el control comunal de la comercialización y otros elementos que promueven la autonomía de las familias rurales. Aquí los consideraré como un amplio denominador común capaz de agrupar a muchas formas de re-existencia a las que, para describirlas, dividiré en tres grandes subapartados.

El primero se refiere a un proyecto de encadenamiento productivo ganadero-forrajero, ya que la ganadería extensiva es la producción tradicional. El emprendimiento surgió para revertir los procesos individuales de comercialización de animales para engorde, reemplazar la adquisición de insumos por producción propia y generar empleo rural. Los distintos eslabones ahora se están conectando entre sí como una suerte de cadena de valor agregado que incluye una fábrica de alimentos balanceados en El Descanso, un corral de engorde en Santa Martina, una carnicería de venta al público en Ojo del Río, la logística y el transporte, aunque por falta de equipamiento aún no está del todo en marcha. Otros beneficios económicos son el buen pago de los terneros a los asociados y los derivados de la producción de maíz, rollos de forraje y alimento balanceado.

El segundo subapartado es el que considera la gestión del agua de riego, los bosques nativos y las pasturas. En cierta forma el encadenamiento ganadero-forrajero forma parte de este ítem, ya que el avance de la frontera agrícola que restringió el acceso a la tierra y el bajo precio que se les paga a los crianceros los lleva, a veces, a tener que ralear el monte para poner algún animal más. «El engorde a corral y el destete precoz quitarían presión de la carga animal sobre los lotes de campo natural» (ACVC, 2013).

Otras dos iniciativas de la ACVC vinculadas a la gestión del bosque nativo y el agua de riego serán útiles para profundizar en el análisis de una lógica cuyo uso de tecnologías y el modo colectivo y sustentable en que se implementan contrarresta con la racionalidad centrada en el lucro individual y el uso de topadoras, aviones fumigadores y círculos de riego con pivot: símbolos tecnológicos de la lógica del extractivismo agrario.

Uno de ellos es la creación en pequeños parajes por parte de los campesinos de sistemas de riego gravitacionales que no utilizan ningún tipo de energía y otros sistemas de riego por goteo pulsante que extraen agua mediante energía solar en un grado menor a la reposición de los acuíferos para regar hortalizas, previendo extenderlo al riego de forrajeras y verdeos. Esto sucede en el mismo valle donde solamente la empresa Cresud tiene más de 7 mil hectáreas irrigadas descontroladamente con pivotes

El otro caso es un proyecto de reciente implementación que consiste en el cerramiento de lotes degradados para poder “descansar” los pastizales y el bosque nativo, permitiéndoles que se recuperen del sobrepastoreo y poniéndolos en producción silvo-pastoril. Las 60 parcelas iniciales en proceso de ser alambradas tienen la extensión de una hectárea y que cada una de ellas se encuentra en el predio de una familia distinta. Se trata de un proyecto integral que busca controlar la erosión hídrica, incorporar materia orgánica, mejorar el manejo de los pastizales naturales como reserva para el invierno, restaurar el bosque nativo, apreciarlo y producir alimentos tradicionales derivados del monte con valor agregado como harina de algarroba y arrope de algarroba y chañar.

El tercer subapartado incluye las ferias francas organizadas por la Asociación de Productores Minifundistas de Ayacucho y Belgrano en San Francisco del Monte de Oro, la participación de la ACVC con producción orgánica en la feria franca de la Villa de Merlo, la producción de audiovisuales propios, las jornadas colectivas de trabajo y, en un lugar destacado, las escuelas de agroecología desarrolladas por esta misma Asociación. Se trata de espacios informales de reflexión y valoración colectiva donde los campesinos intercambian experiencias sobre temas tan importantes como el uso de las semillas criollas, el manejo del monte o el mejoramiento de los suelos; fortaleciendo así los conocimientos locales y buscando soluciones dentro de una matriz de racionalidad orientada a la preservación de la comunidad y la naturaleza.

 

3.4. Construcción de “socialidades alternativas” al capitalismo

El despliegue de las diferentes matrices de racionalidad en la gestión de los bienes comunes no sólo implica forma alternativas de relacionarse con la naturaleza sino que habilita también distintas modalidades de relaciones sociales entre los seres humanos. Y el hecho de que pertenezcamos a la naturaleza, lo asumamos o no, hace que en general establezcamos relaciones análogas con el resto de la naturaleza a la forma en que lo hacemos con nosotros mismos; a tal punto que «sólo podremos cambiar nuestras relaciones con la naturaleza en la medida en que estemos dispuestos a cambiar, también, las relaciones sociales que nos permiten interactuar con ella» (Castro, 2008: 8).

Este entrelazamiento entre ambos factores se manifiesta dentro de la lógica capitalista en el hecho de que, por ejemplo, si establecemos una relación instrumental y mercantil con la naturaleza, lo haremos también con los seres humanos; si el bosque nativo sobra en un territorio dedicado al monocultivo y gestionado mediante la siembra directa, entonces, con la misma lógica, sobra también el campesinado y tanto monte nativo como labrador son factibles de ser desplazados de su sitio por las maquinarias.

La lógica campesina de re-existencia, en cambio, se sustenta en un interés real por la suerte de los demás, inextricablemente ligada a la propia suerte. Por ende, está tan orientada a preservar la naturaleza como a establecer relaciones igualitarias, puesto que «el re-existir es un renacer en medio de tensiones políticas por la renovación de las relaciones jerárquicas entre los grupos que componen la sociedad, por lo que implica: re-definir y re-significar la vida en condiciones de dignidad y autodeterminación, enfrentando la biopolítica que controla, domina y mercantiliza a los sujetos y la naturaleza» (Montoya Arango y García Sánchez, 2010: 152).

De hecho, algunos de los más lúcidos pensadores actuales (Zibechi, 2006; Bartra, 2010; Holloway, 2011; Esteva, 2012) introdujeron al análisis teórico conceptos muy descuidados por las ciencias sociales como los de la “amistad”, el “hermanamiento” y el “amor”, imprescindibles para comprender a otras lógicas diferentes a las del capital. Y es que, efectivamente, es imposible abordar los ámbitos de comunidad creados por pequeñas organizaciones campesinas como la ACVC si no se toma en cuenta a estos conceptos que, insertos en una racionalidad distinta, nos vuelve capaces de re-existir.

 

  1. Consideraciones finales

Este último capítulo pretende responder, aunque más no sea parcialmente, al interrogante central de mi tesis de doctorado acerca de la forma en que las prácticas y los discursos de las organizaciones campesinas del norte de San Luis ponen en cuestión la lógica del actual modelo de acumulación.

Idealmente, esta investigación ayudará a conocer las alternativas agroecológicas puestas en marcha por un grupo de campesinos al comprender la naturaleza del modelo de agricultura extractiva que ha comenzado a operar en su territorio. Más idealmente aun, ayudará a que prácticas similares puedan ser replicadas en otros territorios una vez que una sociedad eminentemente urbana como la nuestra tome conciencia de hacia dónde nos conduce el mantenimiento de la, al parecer inexpugnable, matriz agroexportadora.

Respecto de esto, Zavaleta Mercado sostiene que «la exageración del momento constitutivo como desiderátum podría llevarnos de modo fácil a un callejón sin salida: no existiría la política sino el destino. Los orígenes sin duda están presentes siempre, hablemos de los hombres en general, de la sociedad o del Estado. Pero existe también la reconstrucción del destino. El problema radica en qué medida la carga originaria puede ser convertida (Zavaleta Mercado, 2009: 341). Para el él, efectivamente, el camino hacia el momento de la refundación de un programa social, o sea hacia la transformación de la “forma primordial”, sería el ejercicio de nuevas formas de libertad: la democratización y la reforma moral e intelectual.

Además, seguramente este capítulo final contará con cuatro o cinco apartados, escritos con la intención de que cada uno de ellos pueda abrir una nueva constelación de preguntas y acciones que no podrían haber sido formuladas antes de haber escrito la tesis. Tentativamente hago aquí un breve punteo sobre algunas de estas líneas de fuga que en este momento de mi trabajo de campo, relevo bibliográfico, escritura y reformulación de la tesis se vuelven cada vez más importantes para poder pensar creativamente las cuestiones centrales que fui exponiendo mientras preparaba el índice:

-Relacionarse con el Estado para crear autonomía en lugar de dependencia. En uno de los proyectos analizados, los miembros de la ACVC reutilizaron un subsidio del Estado nacional para comprar un tractor, lo que los va volviendo menos dependientes de los contratistas y, paradójicamente, también de los subsidios y las prestaciones estatales. Dice Holloway: «aunque tengamos claro que no podemos cambiar la sociedad de modo radical a través del Estado, aun así es difícil evitar algún contacto con el Estado. (…) En algunos casos, parece necesario algún tipo de financiamiento estatal para poder llevar a la práctica nuestro proyecto colectivo de un hacer alternativo» (Holloway, 2011: 89).

-Considerar una transición a la agro-ecología en la escala social. Los capitales concentrados se afianzan cada vez más en el Lejano Oriente, produciendo con una mano de obra baratísima manufacturas a precios tan bajos que la dependencia producida por la venta del monocultivo de granos, sumada a la apertura de nuestra propia economía a sus productos manufacturados, puede destruir en forma irrecuperable el sistema productivo nacional en pocas décadas. De la capacidad de reacción de las organizaciones locales depende que este modelo sea reemplazado por una alternativa agroecológica enfocada en el mercado regional, pensada en el largo plazo y sostenida por altos grados de democracia en la base, o bien que se consolide una cuarta fase de acumulación neoliberal cada vez más autoritaria y concentrador de los recursos, obligada a importar alimentos y a diseñar construcciones discursivas cada más alejadas de la realidad.

-Desmontar el consenso de los desmontadores. Los llamados “recursos naturales”, como por ejemplo el bosque, no suelen ser renovables, por más que se los considere de este modo, ya que una cosa es forestar con árboles implantados, instaurando nuevos monocultivos con la misma lógica de la rentabilidad del extractivismo y otra cosa es intentar imitar la compleja, milenaria e irrepetible trama vital que significa el monte nativo. Por eso, en la medida en que indefectiblemente lo primero que hacen los agentes del agro-negocio al apropiarse de cada nuevo territorio es la deforestación; resulta fundamental —para poder vivir dignamente y sobrevivir como especie— colaborar con el desmonte de los dispositivos de intervención implementados por los desmontadores.

-Planificar en el largo plazo y pensar una política de la inmortalidad. En esta línea de fuga me gustaría hacer una síntesis entre esta investigación y la de mi tesis de maestría (Paz, 2013), que examina las consecuencias de la adopción de una filosofía y práctica inmortalistas a la hora de revertir la base ontológica de nuestra civilización hegemónica, fundada en la inmediatez de la muerte y en la incapacidad de pensar más allá de los muy cortos plazos electorales o de la recuperación de la reinversión de capitales.ç

 

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